jueves, 5 de diciembre de 2013

Estación La Vitícola

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Una Estacion extremadamente solitaria llena de historia....


Fotos: Copyright - Caccioladesigns - Todos los derechos reservados.



El viejo tanque de agua todavia en pie.


Fachada de la hermosa estación, lamenteblemente en muy malas condiciones. Abandonada al azar


Fachada posterior de bellisimo diseño puramente inglés de identica construcción a la Estacion Neuquen.


Galpón de mercancías y depósito.


Nomenclador y vías hacia Napostá.


Vias hacia Bahía Blanca.


Paisaje desolador para La Vitícola.


Viejo tanque de agua y lo que queda del cabin de señales.



Es una estación que perteneció al Ferrocarril Del Sud, en el ramal que presta servicio entre Estación Constitución y Bahía Blanca. Las formaciones transitan sus vías, sin embargo no paran en la estación.

Se encuentra a 27 km al norte de la ciudad de Bahía Blanca y a 652 kilómetros al suroeste de la estación Constitución.

La construcción que llegó tarde

La estación La Vitícola fue construída en 1.888 por iniciativa de La Vitícola S.A., establecimiento que poseía en la zona numerosos viñedos.
Estaba habilitada para pasajeros, cargas , telégrafo y hacienda.

 Se encuentra entre las de Bahía Blanca Sud y Napostá (estaciones originarias de la línea), por Mr. Edgard Casey, para servir a la colonia que se moría diezmada por las enfermedades y la falta de recursos en medio del feroz clima local.
   Posee características que la individualizan, por ejemplo, el habitual ladrillo a la vista fue reemplazado por paredes revocadas, mientras que las cubiertas, que en la estación Napostá es de tejas francesas, acá son de chapa galvanizada, quizás por una cuestión de costos.
   Otro elemento singular es el enorme tanque de agua para abastecimiento de agua, que en este caso es de metal y no de mampostería, construido con perfiles de acero y chapa.



 Al lado se encontraba un molino sobre una gran torre que poco después de clausurada la estación fue derribado por el viento.

Lo mismo que la de Napostá, esta estación ha sido vandalizada.



En La Vitícola yacen los restos de un centenar de niños irlandeses muertos hace más de 120 años, durante un frustrado intento de colonización....Una historia que muchos quisieron ocultar.                     
La Vitícola, a unos 25 kilómetros de la ciudad de Bahia Blanca, donde hace 120 años intentara establecerse la mayor colonia de irlandeses en la Argentina.
   La historia se inicia a fines del siglo XIX, cuando el crecimiento del país necesitaba mano de obra y el gobierno buscaba atraer inmigrantes del norte de Europa en lugar de las crecientes remesas enviadas por el sur del Viejo Continente.
   Al mismo tiempo, la Ley de Centros Agrícolas propiciaba la fundación de colonias en terrenos cercanos a las estaciones de ferrocarril que carecieran de poblado, todo esto en el marco de no pocos negociados y en un clima de franca especulación.
   Según Santiago Boland y Ana María Castello, quienes estudiaron a fondo el emprendimiento de La Vitícola, la colectividad irlandesa en la Argentina y la Iglesia Católica en Irlanda, que desconfiaban del modus operandi  del gobierno argentino para atraer a inmigrantes de esa región del planeta, demoraron durante dos años lo que luego sería el mayor contingente de irlandeses en llegar al país.
   “Debo concluir conjurando solemnemente  a mis compatriotas pobres, si es que valoran su felicidad en el futuro, a que jamás pongan un pie en la República Argentina, aunque sean tentados, como puede ocurrir, por ofertas de pasajes gratuitos o les aseguren confortables hogares”, decía el T.W. Croke, obispo de Cashel. 
   Sin embargo, en 1888, 1.700 irlandeses se embarcaron en el vapor alemán “SS Dresden” contratados en principio por Lucas González para la empresa Murrieta y Cía, para levantar colonias en el Chaco santafesino.
   La operación se cayó en pleno proceso de selección y traslado de los inmigrantes, quienes luego fueron tentados para venir a esta zona, donde una compañía de capitales ingleses: Argentina Vine Culture Company,  Vitícola Argentina S.A., pretendía levantar tres centros agrícolas cercanos a la estación ferroviaria Napostá (ubicada a 40 kilómetros al norte de Bahía Blanca).
   La propuesta fue lanzada por el norteamericano David Gartland, directivo de la flamante empresa, quien prometió darles a los viajeros 40 hectáreas de tierra apta por familia, a pagar en 15 años, levantar allí un almacén con un crédito de mil pesos en mercaderías a un interés del 9 por ciento anual para cada familia, animales de labor, herramientas y semillas.
   “Aproximadamente ochocientos aceptaron el desafío. Y viajaron a la colonia, que no estaba en Napostá sino a tres leguas (15 kilómetros) de la estación de ferrocarril y los colonos tuvieron que pagar por el traslado en carros. No había casas sino tiendas de campaña y no para todos; el resto vivió debajo de los árboles o en zanjas, ninguna de las cuales se adecuaba a la llanura ventosa, cálida y polvorienta en verano, fría y húmeda en invierno”, dice Boland.
   También hay quienes sostienen que los equipajes del contingente se perdieron y que en realidad eran unos 700 irlandeses los que llegaron el 26 de febrero de 1889, a los cuales luego se les sumaron 120 ingleses. Las mujeres y los niños enfermos viajaron en dos coches dormitorio.
   Según el padre Matthew Gaughren, sacerdote católico, un mes y medio después del arribo la mayoría de la gente aún estaba viviendo bajo carpas en la pendiente de una colina.
   “En la parte más alta hay un pequeño cobertizo de chapa galvanizada, que alcanza para guarecer el altar y que hace de capilla. La gente asiste a misa afuera, bajo el dosel del cielo. He tenido una numerosa cantidad de tumbas que bendecir porque hubo una gran mortandad de infantes, principalmente de diarrea, el resultado del cambio de clima y de comida”, dijo en una carta enviada a un superior.
   En el mismo sentido se pronunció Mr. Edmund Goodhall, vicecónsul británico en Bahía Blanca.
   “Lamento tener que decir que muchos niños pequeños han muerto. Pienso que probablemente a causa del cambio de agua, que es bastante salubre e induce diarrea. La carencia de medicinas desde el comienzo fue una omisión de la que son culpables los gerentes de la colonia”.
   Otro testimonio es el del padre John Gaynor, quien relató la vida miserable llevada por los inmigrantes durante dos años:
   “Eran casi un millar, algunos artesanos, sin previa experiencia en agricultura; el país era extraño, la lengua, la comida y las costumbres también. Las estaciones fueron malas, y la tasa de mortalidad terrorífica: más de 100 muertos en dos años. La Napostá Colony, como tantas en la época, no fue un éxito. Los recursos de Mr. Gartland eran limitados y, por lo tanto, a principios de 1891 la colonia quebró. En marzo de ese, 520 colonos recurrieron su fatigoso camino de regreso a Buenos Aires, espiritualmente quebrados y totalmente faltos de recursos”.
   Para Boland y Castello, el establecimiento de la colonia irlandesa bajo la ley de Centros Agrícolas fue la excusa de la Sociedad La Vitícola para tomar dinero barato del Banco Hipotecario en cédulas, banco que por su desorden previo era incapaz de fiscalizar la devolución de sus generosos préstamos.
   “Desde sus inicios no pensó en cumplir con el contrato dada la deficiente provisión de infraestructura, recursos, títulos y escrituras. La crisis de 1890 hizo aún más difícil su escaso compromiso. A la vez, la Oficina de Agricultura no cumplió con sus inspecciones y controles regulares, visitándolo y haciendo en noviembre de 1889 un informe falso de su floreciente desarrollo e inspeccionando este junto a otros recién en 1891”.
   Por eso, las desvencijadas paredes de la modesta estación no son mudos testigos de un drama tan anónimo como lacerante. Ellas hablan por sí mismas de una historia que muchos quisieron ocultar, pese a la magnitud del crimen cometido.
    Allí, a la vera de la ruta 33, a pocos minutos de la ciudad, los restos  de 100 niños irlandeses yacen en un desconocido cementerio. Quizás no falte mucho para que alguien encuentre sus sepulturas y los rescate, con un humilde monumento, de la peor de las muertes, la del olvido.....

7 comentarios:

  1. Los seres humanos recien mueren cuando ya no los recuerda nadie.
    Es muy importante que se cuenten estas historias y lo malo es que se sigan encontrando casos de abuso y explotacion de inmigrantes .

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  2. Impresionante historia, me conmovió. Muchas gracias por el informe.

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  3. que tristeza esta historia, cuanta infamia, mentiras y estafas a quienes no tenian nada mas para ofrecer que su fuerza de trabajo y sus vidas, mientras los capitalistas estafaban con los creditos que obtenian para no devolverlos nunca.

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