martes, 23 de junio de 2015

El Batten Cottage y Morrison Building (F.C.C.A.)

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"Un lugar soñado, de los pocos que se conservan en nuestro pais, de la epoca dorada del ferrocarril, sus pasajes, sus calles y ventanas nos remontan a 120 años atras, los años en que ferroviarios habitarion sus inolvidables casas..."




Fotos: Copyright - CacciolaDesigns - Todos los derechos reservados.




Enclavado en lo que ahora es un lugar estratégico de Rosario, donde nace la avenida Alberdi, el barrio Inglés mantiene su encanto como puede. En sólo dos manzanas irregulares alberga dos grupos de viviendas, el Batten Cottage y el Morrison Building, que muestran un estado de preservación más que heterogéneo: algunas casas se ven cuidadas y mantenidas (más allá de con qué criterios), mientras otras sufrieron todo tipo de intervenciones o el deterioro que trae el paso del tiempo. Pese a que sus callecitas con aires de suburbio inglés cautivan a turistas y fotógrafos, el abandono se enseñorea inocultable.
Con sus problemas a cuestas, el barrio Inglés ya ronda 120 años. Fue levantado para el personal del ferrocarril Central Argentino, por entonces británico, que más tarde, tras la nacionalización de los trenes decretada por Perón, se transformó en la línea Mitre.
Incluye dos conjuntos habitacionales: uno es el Batten Cottage, destinado al personal administrativo jerárquico; el otro, el Morrinson Building, a obreros especializados. Los dos grupos ocupan manzanas irregulares, separadas entre sí y de los espacios verdes del entorno por calles de tierra. No por casualidad, una de las quejas más reiteradas de los vecinos es por el barro, que las vuelve intransitables cuando llueve.
El barrio está limitado por otras dos calles importantes: Central Argentino, que lo separa de los terrenos del Alto Rosario, y avenida Alberdi al 100. Sobre esa última arteria las viviendas quedan semiocultas por otras construcciones de la misma época y mismo estilo inglés, en sus comienzos sedes del culto y la enseñanza.

En una de ellas fue fundado, el 24 de diciembre de 1889, el Central Argentine Railway Club, primer nombre que recibió Rosario Central. Por eso hoy esa antigua línea de edificación se ve pintada en gran parte de auriazul. En ella se suceden un primer bloque señalizado por una placa que atestigua el nacimiento de Central, un segundo bloque identificado por un cartel del Organismo Nacional de Bienes Ferroviarios (Onabe) y un tercero que ocupa el Centro de Jubilados y Pensionados Nacionales Ferroviarios. La construcción del Onabe, muestra todos sus vidrios rotos y una bella ventana desvencijada.
No todos lo ven igual. Basta caminar un rato por las tres o cuatro calles del barrio para entender que la diversidad de estados de conservación de las casas se corresponde con otra diversidad de estados de ánimo. Están quienes aman el vecindario, pero también los que lo tildan de "villa" o "conventillo". Y esa disparidad se traduce en dificultad para encarar cualquier empresa común.
Entre los "enamorados" se cuentan el jubilado ferroviario como jefe de Despacho Oscar Rodríguez (70) y su esposa Graciela Farulla (64), propietarios de una de las viviendas más cuidadas del Batten Cottage. La pareja asegura que, desde que entró a vivir en su casa, preservó todo lo que pudo: las dos chimeneas, las aberturas (entre ellas, ventanas bow-window), los pisos entablonados de madera de vagón. Otros elementos arquitectónicos, como la escalera, ya habían sido modificados. Su único reclamo es muy atendible: piden árboles por la calle Central Argentino.


Las doce casas del Batten son de dos pisos, con un jardincito adelante y otro atrás. No todas conservaron ni el formato de sus ventanas, ni las verjas del jardín. Algunas construyeron garajes, modificaron las aberturas, cambiaron todos los pisos. Pero desde afuera, con sus techos de chapa a varias aguas, sus desagües a la vista y sus galerías, mantienen el inconfundible perfil inglés.
Según cuenta otra vecina con 28 años en el barrio, María Esther Rodríguez (66), la mayoría paga una cuota al Onabe para convertirse en legítimo dueño de su casa. Por mes, unos 120 pesos. Igual se queja: dice que hay que ir a abonarla a Buenos Aires o hacer un giro, lo que suma no menos de 40 pesos. Al municipio le reclama pavimento para las dos cuadras que quedaron de tierra en el barrio.
En el Morrison Building el deterioro fue mayor, pero también se advierten fuertes contrastes en el estado de conservación. Se trata de un gran bloque sobre dos plantas donde se alinean 24 departamentos de planta baja y alta, a los que se accede a través de galerías perimetrales de circulación.
Allí la visión del barrio es bastante menos romántica que desde los ojos del Cottage. Un vecino que pidió reserva de su nombre no dejó de tildarlo de "villa miseria" y se quejó con abundancia tanto de sus linderos como de la Municipalidad, a la que acusó de "hacer una sola cosa: poner trabas si se quiere arreglar algo". El hombre se mostró indignado.
Más diplomática, María Luisa Cuvertier (54) admitió que el vecindario carece de un sentido de "unidad" para encarar un proyecto en común o simplemente "tirar para el mismo lado". También reclamó "al menos un mejorado" para que los pasajes no se inunden cuando llueve. Por suerte últimamente llueve poco, no como en Londres.


Este barrio surgió en torno a la primera fábrica de azúcar refinada del país, convirtiéndose en una populosa zona de obreros e inmigrantes. Hoy se integra a los paseos junto al río de la mano de una ambiciosa reconversión urbana.
El Barrio “Las Malvinas”, más conocido como Barrio Refinería, es uno de los más antiguos de Rosario. Creció hacia fines de 1800 en torno a la primera fábrica de azúcar refinada del país (Refinería de Azúcar Argentina Sociedad Anónima) y a los talleres ferroviarios del ferrocarril Central Argentino. Fue el primer barrio obrero, populoso y de inmigrantes de la ciudad, con una fisonomía ligada a aquellos orígenes y, también, a los antiguos muelles y terminales portuarias de las cercanías.
Fue en 1887 cuando comenzó sus actividades la fábrica de refinación y distribución de azúcar en bruto, que provenía de los ingenios tucumanos y era transportada por el ferrocarril Central Argentino. Desde Rosario salía en barcos para la exportación por los muelles de la zona, situación que -junto a los talleres ferroviarios- provocó la radicación de gran cantidad de obreros.
En el caso de los trabajadores del ferrocarril inglés, la empresa construyó viviendas para su personal jerárquico y para sus obreros especializados, con características arquitectónicas de diseño típico inglés que aún se conservan y pueden observarse en el Parque Scalabrini Ortiz, entre Av.Alberdi y Av.Central Argentino.
En la historia de este barrio también se recuerda un conflicto gremial ocurrido en 1901 entre trabajadores y directivos de la empresa Refinería Argentina. Los obreros se unieron en una manifestación reprimida por la policía y, como consecuencia, fue asesinado el elevadorista de la fábrica Cosme Budislavich, quien se transformó en la primera víctima fatal de la represión contra el movimiento obrero argentino. Aquel hecho quedó plasmado por el pintor rosarino Antonio Berni, en su famosa obra “Manifestación”.
El edificio de la Refinería, diseñado por arquitectos ingleses, hoy es parte del patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad. Actualmente forma parte de una inversión privada que reciclará la fábrica y construirá en su entorno un complejo de viviendas, oficinas, restaurantes y locales comerciales. Además, el sector ribereño será incorporado a un paseo público peatonal a la vera del río, logrando una senda que se extenderá desde el Monumento Nacional a la Bandera hasta proximidades del estadio de fútbol Rosario Central. 

Frente al barrio ingles, muy cerca se encuentran los viejos galpones y talleres del desaparecido F.C.C.A.



Las pasarelas de ingreso a las casas del primer piso todavia conservan las puertas originales.



El piso superior reforzado con viejos rieles y concavidades en ladrillos bien cocidos.



En la pared de la izquierda de la foto se encuentra una escalera de madera interna fabricada en Pinotea que daba el acceso a los pisos superiores desde el exterior.


Las puertas originales construidas en madera Pinotea.


Detalle de las ventanas que poseen las escaleras de acceso a los pisos superiores.



Claramente, en la esquina del edificio esta la escalera interior que da el acceso a los pisos superiores. Al mas puro estilo ingles.
Este es el Batten Cottage en su totalidad.



Ventana de acceso a pisos superiores.




Este es el Morrison Building, que posee mayor cantidad de habitaciones, otra categoria de viviendas que eran preparadas para personal de alto rango como ingenieros, maquinistas, telegrafistas, etc.


Historicos y eternos paredones.


Ventanas de singular belleza de las habitaciones superiores.



Las casas poseian hogar a leña, con doble chimenea compartida.


Detalles de una de las pocas casas que conservan la reja de madera pinotea original, el resto a desaparecido.



Morrison Building, a la izquierda y el Batten Cottage, a la derecha de la imagen. Al fondo los talleres de locomotoras del F.C.C.A.






Detalle de las columnas de madera pinotea en las galerias del Morrison Building.


Claro ejemplo de los que valoran y conservan y los que no.


Todavia se respira ese barrio ingles, de hace 120 años atras, aunque ya sin las rejas de madera y sin sus trabajadores ferroviarios...


Cruzamos un pasaje que nos remonto a 100 añños atras, a epocas donde los ferrocarriles ingleses estaban en la zona, ese pasaje angosto con tanto aire ingles fue increible...


Sobre la calle Central Argentino encontramos una fachada muy diferente del Morrison Building, son mas elaboradas y poseen gran prestigio, sera porque estas ventanas dan frente a los talleres?




Fachada del Morrison Building frente a los talleres de locomotoras del F.C.C.A.


Esta es una de las pocas puertas originales de madera Pinotea que conserva la planta baja.


El Barrio Inglés como vestigio de otra sociedad que aparece en la historia rosarina aproximadamente en 1890, aparece en el imaginario popular como un grupito de casas pintorescas. La idea es evidenciar que lo que aparece, no siempre es lo que fue. El barrio inglés es un invento de los no-ingleses: su nombre aparentemente original, Batten Cottage y Morrison Building, ya implicaba una jerarquía entre la comunidad de pobladores originales... Sobre avenida Alberdi (antes Boulevard Castellanos) se ubicaba la iglesia anglicana, que era a la vez la escuela. Al costado, estaba el trabajo: los talleres donde se armaban locomotoras y vagones con piezas traídas de Bristol y Birmingham. Era necesaio entonces un grupo de especialistas que armaran y mantuvieran en funcionamiento locomotoras fabricadas en Inglaterra, pero armadas en Rosario. Pero ¿quiénes eran "los ingleses"? Solamente tenemos los documentos, como planos y fotos, y lo que estas personas han abandonado: restos domésticos como tazas rotas, huesos y desperdicios, o sea basura. Según los documentos, allí había además de ingleses, también escoceses e irlandeses, y probablemente algunos norteamericanos, alemanes y austríacos. Los indicios arqueológicos indican que el Barrio Inglés era casi un pequeño pueblo al costado de los Talleres, un sector semi rural conformado por un sistema de clases sociales bien delimitado: obreros, técnicos y jefes ferroviarios extranjeros, de ascendencia esencialmente sajona. La evidencia arqueológica también nos muestra indicios de un grupo social complejo y nos permite pensar en algo que va más allá de la conocida arquitectura del Batten y el Morrison. La presencia de cerámica decorada, loza tipo "Willow" y porcelana china de calidad en el Parque Scalabrini Ortiz nos permite imaginar ciertos gustos muy distintos a los que evidencian los restos hogareños por calle Junín. Éstos consisten en loza de baja calidad, propia de un barrio obrero inmigrante. Por lo tanto, quizás hay todo otro barrio inglés de pequeños chalets (del tipo "Manor" o casas inglesas solariegas) debajo de la tierra, demolidos para que en 1905 el ferrocarril, ya en plena expansión, realice sus maniobras. Con la desaparición del ferrocarril 90 años después, ni siquiera la memoria del viejo tren nos quedó. Los parques ocultan bajo sus lomas y sus árboles, cimientos, restos domésticos, pisos antiguos, evidencias de una vida social. Queda la arqueología, para rescatar estos fragmentos desperdigados de la historia rosarina.

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